En busca de la trascendencia – Osho

Osho.  En Busca de la Trascendencia.

PREGUNTA

¿En qué plano logra el meditador el estado de no-pensamiento?  ¿Pueden existir pensamientos en los que no se identifique la conciencia con el objeto, o resulta tal identidad esencial para el pensamiento?

EL PERFECTO ESTADO del no-pensamiento se obtiene en el quinto cuerpo, pero pueden percibirse destellos del mismo a partir del cuarto.  Los pensamientos continúan en el cuarto cuerpo, pero ya se empieza a observar la ruptura, la brecha existente entre dos pensamientos.  Antes del cuarto cuerpo, solamente hay pensamientos, y nada más que pensamientos; no logramos ver la brecha que los separa.  En el cuarto cuerpo empiezan a aparecer los intervalos entre pensamientos, y cambia el énfasis que ponemos en ellos.  Si usted ha observado las imágenes con las que se trabaja en la terapia gestalt, podrá entender lo que digo.  Supongamos que estamos viendo un holograma de una escalera; si nos fijamos en esa escalera atentamente, percibiremos los peldaños que suben; pero si lo vemos desde otro ángulo, nos parecerá que los peldaños descienden.  Ahora bien, lo interesante del asunto es que usted nunca podrá verlos peldaños subiendo y bajando de forma simultánea.  Solamente pude ver uno de los dos sentidos. La segunda de las imágenes reemplazará a la primera, y viceversa.

Podemos hacer un cuadro en el que aparezcan dos caras enfrentadas; esas caras están totalmente dibujadas, con su nariz, ojos y barba.  Al principio, parecerá como si las dos caras estuvieran la una frente a la otra.  Ahora pinte las caras de negro, dejando el resto del espacio en blanco.  Usted dirá que hay como un florero en ese espacio en blanco; y que la nariz y los ojos se han convertido en el diseño de ese florero.  Nunca podrá ver las caras y el florero al mismo tiempo.  Cuando logre distinguir las dos caras, el florero habrá desaparecido; si ve éste, las caras ya no estarán.  Por mucho que se esfuerce en verlo todo junto, la imagen gestáltica cambiará sus puntos de referencia.  Cuando usted fija su atención en los rostros, el jarrón se desvanece; si, por el contrario, se fija en el jarrón, desaparecen los rostros.

Hasta el tercer cuerpo, la imagen gestáltica de nuestra mente hace hincapié en el pensamiento.  Si viene Rama, lo vemos a él y, al mismo tiempo, vemos cómo llega.  El espacio vacío existente entre él y su llegada, o el vacío que hay antes de la llegada de Rama y después de su marcha, no se nos hace visible.  Sólo nos fijamos en la llegada de Rama, y no en el espacio que le circunda.  Pero las cosas cambian a partir del cuarto cuerpo.  De repente, usted se quedará sorprendido de que la llegada de Rama ya no sea lo más importante.  Cuando Rama aún no había llegado, había un espacio vacío, y lo mismo sucedía cuando ya se había ido.  El espacio vacío empieza a constituir ahora el punto focal de su mente.  Los rostros desaparecen, y el florero se hace visible.  Y cuando su atención se fija en el espacio vacío, usted ya no puede pensar.

Usted sólo puede hacer una de las dos cosas: mientras observa los pensamientos, puede pensar; pero cuando observa el espacio vacante, estará vacío por dentro.  Sin embargo, ambos procesos se alternarán en el cuarto cuerpo.  Unas veces ve los dos rostros y otras ve el jarrón; es decir, unas veces observa los pensamientos y otras observa el vacío que los separa.  Habrá silencio y habrá pensamientos.

La diferencia entre el silencio y la vacuidad es simplemente ésta: el silencio quiere decir que los pensamientos todavía no se han extinguido, si bien el énfasis ha cambiado.  La conciencia ha hecho un cambio y abandona el pensamiento para complacerse en el silencio; pero todavía sigue habiendo pensamiento.  Después, la atención se fija en el silencio, pero los pensamientos vuelven, de vez en cuando.  Cuando consiguen atraer su atención, vuelve a perderse el silencio y empiezan a moverse los pensamientos.

Durante los últimos momentos del cuarto cuerpo, la mente se mantiene alternativamente entre los dos.  En el quinto plano se habrán extinguido todos los pensamientos y solamente permanecerá el silencio.  Todavía no se trata del silencio definitivo porque sigue existiendo en comparación con el pensamiento y la palabra.  El silencio significa ausencia de palabra, el vacío implica un estado en el que no existe ni silencio ni palabra.  En el cuadro ya no se ven las caras, ni tampoco el florero, sólo el papel en blanco.  Si en este momento le preguntaran dónde se encuentran los rostros o el florero, usted no podría decir nada.

El estado de absoluto no-pensamiento se produce en el quinto cuerpo.  En el cuarto tenemos destellos de tal estado; lo percibiremos aquí y allá, entre dos pensamientos.  Pero en el quinto plano, el estado de no-pensamiento se tornará evidente y los pensamientos habrán desaparecido.

Ahora me referiré a la segunda parte de su pregunta, que dice: ¿Es necesaria la identificación para la formación de los pensamientos, o pueden producirse éstos sin ninguna identificación?  Hasta el tercer cuerpo, la identificación y el pensamiento se producen de forma simultánea.  Por un lado está tu identificación y por el otro el pensamiento; no existe intervalo alguno entre ambos.  Sus pensamientos y usted forman una cosa, no dos.  Cuando usted se siente furioso, es un error decir que está furioso.  Sería más correcto decir que usted se ha puesto furioso; porque, con respecto a esa furia, también le hubiera sido posible evitarla.  Por ejemplo, supongamos que digo que estoy levantando mi mano, y usted me replica: “Detenga ese movimiento”, y yo le contesto: “Eso no es posible, las manos se siguen moviendo.”  En tal caso, usted se cuestionaría qué es lo que quiero decir cuando afirmo que estoy levantando la mano.  Porque si digo: “Estoy alzando la mano”, también estoy en disposición de detener el movimiento.  De lo contrario, no podría asegurar que esa mano fuera mía.  Carecería de sentido.  Desde el momento en que usted no puede detener sus pensamientos, su identificación con ellos es completa hasta llegar al tercer cuerpo.  Hasta ahí, usted es pensamiento.

Por tal motivo, hasta ese tercer cuerpo el oponerse a los pensamientos de una persona significa que usted se está oponiendo a esa persona.  “Lo que usted dice está equivocado”, afirma usted; pero la otra persona no pensará que lo que acaba de decir pueda estar equivocado, sino que él está equivocado.  La mayoría de las disputas y conflictos tienen lugar no por causa de una simple manifestación, sino porque el ego se ha identificado plenamente con tal manifestación.  Por tanto, atacar sus pensamientos es atacarlo a usted mismo.  Incluso si en su interior usted se dice: “No importa que uestes no esté de acuerdo conmigo”, en el fondo, sentirá que se han opuesto a usted.  Sucede con frecuencia que uno llega a olvidarse de la idea motivo de discrepancia y, sin embargo, se discute por mantener los propios puntos de vista al margen de aquella.  Usted ha basado toda su entidad en ciertas opiniones que considera sagradas; son sus auténticos principios y argumentos básicos.

Hasta el tercer cuerpo no existe separación entre usted y sus pensamientos.  Usted es el pensamiento.  En el cuarto cuerpo se inician las oscilaciones.  Empieza a tener atisbos del hecho de que usted es una entidad y sus pensamientos son otra cosa.  Pero, hasta entonces, es incapaz de detener sus pensamientos, porque la asociación con ellos todavía está muy enraizada.  Arriba, en las ramas del árbol, usted ya empieza a sentir la diferencia.  Se sienta en una rama, sus pensamientos en otra, y usted aprecia que ellos no son usted.  Pero, en lo profundo, usted y ellos son la misma cosa.  Por eso, parece que los pensamientos se encuentran separados, y también que si mi asociación con ellos llegara a romperse, cesarían por completo.  Pero no cesan.  A un nivel más profundo, esa asociación con los pensamientos continúa.

Los cambios empiezan a tener lugar en el cuarto plano.  En ese nivel empieza a tener una noción vaga de que los pensamientos y usted son entidades diferentes.  Todavía no se atreve a manifestarlo, y el proceso mental sigue realizándose de forma mecánica.  Todavía no puede detener sus pensamientos, ni tampoco observarlos separadamente.  Yo puedo decirle: “Detenga su ira, y compruebe que usted es el dueño de sus emociones”, y también puedo decirle: “Genere su propia ira y compruebe que puede dominarla”.  Usted me contestará: “¿Cómo puedo hacer eso?  Yo no soy capaz de crear la ira”.  En el instante en que logre hacerlo usted se convertirá en su dueño.  Porque, entonces, podrá detenerla en cualquier momento.  Cuando se es maestro, el proceso de generar el enfado y de pararlo está en nuestras manos.  Si puede producirla, también podrá detenerla.

Resulta interesante comprobar que el hecho de detener la emoción es un poco más difícil que el de producirla.  Así que, si desea convertirse en su propio maestro, empiece por generar su proceso de ira, que le resultará más fácil.  Al iniciar el proceso se encintrará muy tranquilo, pero cuando quiera detenerla, ya se sentirá involucrado en ella y no será dueño de sí mismo.  ¿Cómo la pararemos?  Resulta siempre más sencillo iniciar el experimento, creando el enfado, que deteniéndolo.  Por ejemplo, usted empieza a reír, pero cuando ya se haya en plena risa, le resultará muy difícil contenerla.  Pero si usted no está riendo y quiere empezar a reírse, lo puede conseguir en un par de minutos.  Así conocerá el secreto de la risa –de dónde procede y cómo se produce-, y de este modo también conocerá el secreto de cómo pararla, cosa que podrá hacer.

En el cuarto plano empezará a ver que usted y sus pensamientos son cosas separadas; que usted ya no es uno con sus pensamientos.  Por tanto, cuando se produzca el estado de no-pensamiento, tal como ya dije, se hace presente el testigo; y siempre que haya pensamientos, el testigo se habrá disipado.  En los intervalos existentes entre los pensamientos –es decir, en las brechas que los separan- usted podrá comprobar que su identidad está separada de ellos.  Así pues, no existe asociación entre usted y sus pensamientos.  Pero, incluso entonces, usted no será más que un pobre observador.  No conseguirá mucho, aunque es un hecho que todos los esfuerzos deben ser realizados en este cuarto cuerpo.

Así que ya he definido dos posibilidades para este cuarto cuerpo; una, que es la natural, y la otra, que se consigue a través de la meditación.  Usted podrá alternarlas.  La primera de estas posibilidades es pensamiento, y la segunda es comprensión.  En el instante en que usted logre el segundo potencial del cuarto cuerpo –viveka, o comprensión-, el cuarto cuerpo se desmoronará, al igual que la identificación de la conciencia con la mente.  En otras palabras, usted habrá alcanzado el quinto plano, y dos cosas habrán desaparecido: el cuarto cuerpo y su identificación.

En el quinto cuerpo usted puede convocar sus pensamientos o no hacerlo, según le parezca.  Por primera vez, los pensamientos serán un simple medio y no dependerán de su identificación.  Si desea crear ira, generará ira; si desea crear amor, lo hará así.  Si usted no desea crear ningún sentimiento o pensamiento, estará en plena libertad de hacerlo.  Si desea detener la ira, que ya empezaba a producirse, puede hacer que se detenga.  Cualquier pensamiento que desee tener, lo tendrá; y a todo lo que no desee albergar en su mente, le será imposible adueñarse de ella.

 

Hay muchas anécdotas que se cuentan de la vida de Gurdjieff.  La gente le tenía por un individuo muy singular.  Si, por ejemplo, dos personas se sentaban enfrente de él, podía mirar a una de ellas con la máxima ternura, y a la otra con un gesto absolutamente colérico.  Llevaba a cabo esos cambios con tanta rapidez, que ambas personas se separaban de él con impresiones totalmente antagónicas.  Y así, aunque ambas le había entrevistado al mismo tiempo, una diría: “Tiene la mirada de un tipo peligroso”, mientras que la otra firmaba: “Está lleno de amor”.  Esto es algo que se puede hacer muy fácilmente en el quinto plano.  Gurdjieff estaba por encima de la mera comprensión que pudiera tener la gente de él.  Podía poner en su cara, de forma instantánea, la expresión que más le interesara.  Lo que para otros era algo muy difícil, para él constituía un simple juego.

La razón que subyace tras todo esto es que, en el quinto cuerpo, usted es el propio dueño de sí mismo, y puede convocar todo tipo de sentimientos que desee.  Ira, amor, odio, perdón, todas las emociones y pensamientos se convierten en mero juego, de tal modo que usted puede sentirse relajado siempre que quiera.  Relajarse después de haber jugado es algo muy sencillo, pero tratar de relajarse de la vida es muy difícil.  Si yo estoy simplemente jugando con la ira, no me sentiré enojado cuando ustedes abandonen esta sala.  Si juego el papel de hablador, dejaré de hablar en cuanto ustedes se vayan. Pero si, por el contrario, la charla es mi raison d’étre*, entonces continuará hablando, aunque ustedes se hayan ido.  Incluso si nadie me atiende, yo me escucharé a mí mismo.  Quiero continuar hablando porque ésa es la razón de mi vida; no se trata de un juego del que pueda relajarme.  Es mi auténtica vida, la que me domina.  Un hombre así hablará incluso por la noche.  En sueños, reunirá una multitud para poderles hablar.  También en sueños podrá querellarse, pelearse y hacer todo aquello que ha estado haciendo durante el día.  Seguirá haciéndolo durante las veinticuatro horas, porque es su vida, su auténtica existencia.

Su identificación se desarme en el quinto cuerpo.  Allí, por primera vez, usted se encuentra en paz, está vacío, entregado a su propia voluntad.  Pero cuando surja la necesidad, también podrá utilizar toda su capacidad de pensar.  Sería mejor decir que, antes del quinto cuerpo, los pensamientos lo utilizan a usted, y a partir del quinto, usted utiliza sus propios pensamientos.  Antes de que tal cosa llegara a producirse no será correcto decir: “Yo pienso”.  En el quinto cuerpo usted también comienza a darse cuenta de que sus pensamientos no son usted; y que los pensamientos de los demás también penetran en usted.  De este modo, usted no es consciente de que los pensamientos ajenos han llegado a formar parte de los suyos propios.

Nace un Hitler y Alemania entera se impregna de sus teorías; sin embargo, cada alemán se cree que tiene su propio pensamiento.  Un individuo muy dinámico difunde sus ideas entre otras mentes, y éstas se convierten en su eco.  Esta clase de dinamismo es tanto más serio cuanto que está profundamente arraigado.  Por ejemplo, hace ya dos mil años que murió Jesús.  Pues bien, las ondas que dejó su pensamiento siguen recorriendo el mundo, e impregnando la mente de los cristianos que consideran las teorías de Jesús como las suyas propias.  Lo mismo sucede en el caso de Mahavira, Buda, Krishna y otros.  Los pensamientos de cualquier personaje dinámico, ya sea bueno o malo, pueden ejercer su influencia sobre la mente humana.  La impronta dejada en nuestras mentes hindúes por Tamerlán y Genghis Khan todavía no se ha desvanecido, ni tampoco la debida a Krishna y a Rama.  Las ondas de su pensamiento siguen recorriendo el universo, y nosotros las recibimos y las incorporamos a nuestros particulares estados mentales.

Siempre sucede que una persona que se muestra muy buena por la mañana se vuelve mala al mediodía.  Por la mañana absorbe las ondas de Rama; por la tare puede sentirse influenciado por las ondas de Genghis Khan.  La capacidad receptiva y el momento producen la diferencia.  El mendigo siempre empieza a pedir por la mañana, porque el efecto de las vibraciones malignas es mínima a esa hora en que sale el sol.  Pero a medida que el día va avanzando, y el sol se siente cansado en su larga travesía por los cielos, la influencia del mal gana fuerza, de manera que ese pobre mendigo no obtendrá limosna alguna cuando llegue la noche.  Si un pobre pide un par de rupias por la mañana temprano, es difícil que se las nieguen; pero, a medida que va transcurriendo el día, se hace más difícil que obtenga su limosna.  Al anochecer se está cansado de todo un día de trabajo y, por tanto, el ánimo será muy poco propicio a la caridad.  La condición mental es completamente distinta, de la misma forma que también lo es el ambiente que le rodea.  De modo que los pensamientos que creemos que son nuestros no nos pertenecen.

Esto lo experimentará usted solamente en el quinto cuerpo.  Y se sorprenderá al ver cómo van y vienen sus pensamientos.  Viene el pensamiento y luego se va; se apodera de usted, y luego le abandona.  Hay miles de clases de pensamientos que son, además, muy contradictorios. Y ésta es la razón de tanta confusión como hay en nuestras mentes.  Toda persona vive en la confusión.  Si los pensamientos le pertenecieran por completo, no habría problemas de confusión.

*En francés en el origina. (N. del T.)

Primero se pasaría el cerrojo a las ondas mentales de Genghis Khan y luego a las de Krishna; y de este modo se pondría coto a la confusión.  Pero esas dos clases de ondas mentales están acechándole, y en cuanto se halle dispuesto para ello, entrarán en usted. Porque le rodean todo el tiempo.

Todo esto lo comprenderá muy bien cuando rompa por completo su identificación con el pensamiento.  El mayor cambio vendrá dado por el hecho de que hasta ese momento usted habrá tenido pensamientos, pero ahora será capaz de pensar de verdad.  Hay una diferencia entre las dos cosas.  Los pensamientos están atomizados; van y vienen, y siempre son ajenos.  Decir que son totalmente ajenos es muy acertado.  Mientras el pensar es nuestro, los pensamientos son de los demás.  Esta clase de pensar tomará cuerpo dentro de usted cuando se halle en el quinto plano.  Entonces será verdaderamente capaz de pensar y no un mero recolector de los pensamientos de los otros.  Por eso, el pensar del quinto cuerpo no constituye una carga, ya que representa su propia sustancia.  A este pensar, nacido en el quinto cuerpo, también le podemos denominar sabiduría, comprensión, o lo que usted quiera.

En el quinto plano usted tiene su propia intuición, su propia comprensión, su propia inteligencia.  En este plano, la influencia de los pensamientos exteriores habrá terminado y, en tal sentido, usted será el dueño de sí mismo.  Logrará alcanzar su auténtico ser; habrá vuelto a ser usted mismo.  Ahora posee sus propios pensamientos, su auténtica fuerza pensadora, sus propios ojos y su propia visión.  A partir de aquí, sólo vendrá a usted lo que desee, y lo que rechace jamás le molestará.  Podrá pensar aquello que le sea necesario, sin que le invadan otro tipo de pensamientos.  Ahora usted es el dueño.  El problema de a identificación ya no existe.

En el sexto plano ya no es necesario el pensar.  Los pensamientos se requieren hasta el cuarto cuerpo; el pensar y la sabiduría son necesarios en el quinto.  En el sexto plano ni siquiera existen estos últimos, porque ya no se necesitan.  Usted se transforma en un ser cósmico, y se vuelve uno con el brahman.  Ahora ya no existe el otro.

De hecho, todos los pensamientos se relacionan con el otro.  Los pensamientos existentes antes de llegar al cuarto plano, son lazos inconscientes con los demás.  Los pensamientos del quinto cuerpo constituyen ligaduras conscientes, pero siguen refiriéndose a los otros.  Después de todo, ¿para qué se necesitan los pensamientos?  Solamente para establecer una relación con los demás.  Hasta el cuarto plano son lazos inconscientes, en el quinto son conscientes.  Pero en el sexto ya no existe el “otro”, con el que se puedan establecer lazos de ningún tipo.  Ya no existe ninguna relación, sólo permanece lo cósmico.  Yo y usted somos uno ahora.  En este plano no hay lugar ni razón para que existan pensamientos.

El sexto es el brahman, la realidad cósmica en la que no hay pensamientos.  Por eso se puede decir que en el brahman hay conocimiento.  En realidad, los pensamientos que existen hasta el cuarto cuerpo son inconscientes, y contienen una profunda ignorancia.  Parece como si necesitásemos pensamientos para combatir esta autoignorancia.  En el quinto existe conocimiento en el ser interior, pero seguimos mostrándonos ignorantes con respecto al otro; el otro sigue existiendo para nosotros.  Por ello hay necesidad de pensar en el quinto cuerpo.  En el sexto ya no existe ni adentro ni afuera, no hay ni yo ni tu, ni éste ni aquél.  Ahora ya no hay distancia que justifique los pensamientos.  Lo que es, es.  Así pues, en el sexto sólo hay conocimiento, no pensamientos.

En el séptimo ni siquiera existe el conocer, porque ya no hay ni conocedor ni aquello que pueda ser conocido.  Por tanto, incluso el conocer desaparece en el séptimo plano.  Es el plano del no conocer, porque se está más allá de todo conocimiento.  Si usted quiere, puede considerarlo un plano de ignorancia.  Este es el motivo por el que una persona que se encentre en el último plano de conciencia, y otra que sea absolutamente ignorante, semejan idénticas, porque su comportamiento es con frecuencia similar.  Por eso siempre hay un gran parecido entre un niño y un anciano que haya logrado la iluminación; en realidad no son lo mismo, pero exteriormente parecen iguales.  Algunas veces un sabio iluminado actúa de una forma infantil; otras, en el comportamiento de un niño encontramos rasgos de santidad.  En ocasiones, una persona iluminada parece un completo ignorante, un tonto; y pensamos que no se puede ser tan tonto como él.  Pero el auténtico sabio se encuentra más allá de todo conocimiento, mientras que el niño todavía no ha llegado a él.  El parecido radica en que ambos se hallan fuera del conocimiento.

Osho.  En Busca de la Trascendencia.

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